Esta semana pasada por fin se explotó la burbuja, o más bien el grano, la pústula. Lo vimos crecer por momentos, pero no sabíamos hasta cuando aguantarían con medidas de urgencia, con préstamos, con pólizas, atrasando pagos a la Seguridad Social…
Lo cierto es que esta situación dramática fue anunciada por el alcalde en una asamblea de trabajadores. Volvió a no asumir responsabilidades, a cargar las tintas contra la oposición cuyos mensajes catastrofistas, según él, impiden que los bancos le den más préstamos. Y para parchear la cuestión nos convoca a representantes de los trabajadores y de los vecinos, o sea a la oposición. La reunión estuvo coordinada por Juan Carrión, auxiliado por Trini (que no dijo absolutamente nada) y por Bartolo (que estuvo todo el tiempo entrando y saliendo, no sabemos sin con los nervios…).
El caso es que el gran ausente fue el concejal de personal, Roque Molina. ¿Cómo es posible que el concejal, con la responsabilidad delegada por el alcalde, de la gestión del personal al servicio de la administración local haya pasado tan soberanamente de una reunión que es crucial para el futuro de Totana? No queremos ni pensar que las disensiones y enfrentamientos entre Roque y Andreo, ya famosas, haya provocado que Molina se inhiba de su responsabilidad.
Lo cierto es que cuestionada la ausencia por el interlocutor socialista en la reunión, Carrión le contestó que estaba trabajando, porque da clases en Cartagena. Pues sí, eso nos pasa a más de uno: que tenemos nuestro trabajo, que tenemos que ganarnos nuestro pan sin la sopa boba municipal; pero tenemos que hacer hueco, porque aunque el alcalde nos lo ponga difícil como para no asistir, creemos que es muy importante, que es nuestra responsabilidad. Así que muy mal por Roque, porque sabemos que no se salta ni una Junta de Gobierno, por la que cobra 100 € de cada reunión, y de éstas hay al menos una a la semana. Ay, ay, ay… que por el interés te quiero Roque…
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