En la última semana y en el último Pleno hemos visto un desembarco en toda regla del concejal Juan Carrión. No sabemos si vuelve haciéndose sitio, reclamando su derecho a ser candidato (la última vez se quedó en puertas), ni siquiera sabemos si ha vuelto para quedarse.
Lo cierto es que le ha demostrado al alcalde que él si puede echarse fotos. Lo hemos podido ver con la Ministra de Sanidad Trinidad Jiménez, con el presidente del Congreso de los Diputados Pepe Bono, con Llamazares de IU, incluso con el Delegado del Gobierno, González Tovar, una de las piezas más deseadas por su jefe Andreo. Lo hemos podido ver también rumbeando en el Pleno, chupando mucha cámara y mucha palabra (más del 50 % del uso de la palabra en el último Pleno lo consumió Carrión) aunque el discurso sea incoherente y hueco.
Lo cierto es que cada vez se perfila más su postura postulándose para ser candidato a la alcaldía; pero también es su venganza dulce hacia su jefe Martínez Andreo, que hace mucho le retiró la confianza y ve a Juan Carrión como un grano ante el que hay que resignarse para trincar un puñado de votos.
Lo que no podemos entender es la buena cara que ponen ambos de cara a la galería, no entendemos los dos meses de lacito blanco de Carrión. En política hay que ser más coherente y honrado; hay que tomar posiciones y no tragar con todo. En fin, que los oportunistas probablemente no sean los idóneos para gobernar este barco que se hunde por momentos…
Lo cierto es que le ha demostrado al alcalde que él si puede echarse fotos. Lo hemos podido ver con la Ministra de Sanidad Trinidad Jiménez, con el presidente del Congreso de los Diputados Pepe Bono, con Llamazares de IU, incluso con el Delegado del Gobierno, González Tovar, una de las piezas más deseadas por su jefe Andreo. Lo hemos podido ver también rumbeando en el Pleno, chupando mucha cámara y mucha palabra (más del 50 % del uso de la palabra en el último Pleno lo consumió Carrión) aunque el discurso sea incoherente y hueco.
Lo cierto es que cada vez se perfila más su postura postulándose para ser candidato a la alcaldía; pero también es su venganza dulce hacia su jefe Martínez Andreo, que hace mucho le retiró la confianza y ve a Juan Carrión como un grano ante el que hay que resignarse para trincar un puñado de votos.
Lo que no podemos entender es la buena cara que ponen ambos de cara a la galería, no entendemos los dos meses de lacito blanco de Carrión. En política hay que ser más coherente y honrado; hay que tomar posiciones y no tragar con todo. En fin, que los oportunistas probablemente no sean los idóneos para gobernar este barco que se hunde por momentos…

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